Una terrible historia de Sant Jordi.

No tenía nada en sus bolsillos, ya llevaba más de un mes viviendo en aquel albergue para indigentes.


Pero le tenía que llevar una rosa,  a ella,  con la que compartía charla y algún cigarrillo, la única persona con la que todavía se sentía ser humano, eran dos perdedores, pero se respetaban y en cierto modo se amaban,  de esa forma en la que se aman los desesperados.

Se dirigió a hacia aquella tapia,  sabía que detrás había un hermoso rosal,  no le importo trepar y cuando cayó y se golpeó en la cabeza tampoco le importo,  solo pensó que ella ya no tendría rosa y murió con la tristeza en la piel.

Al día siguiente en la página de sucesos de un periódico apareció  una pequeña noticia que decía “muere un indigente al intentar robar en la casa del famoso editor y librero………..”

Reflexión del día : Cuán relativo es lo vivido.

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