La artesanal calma.

Me gustaría tener la capacidad de trasmitir la calma que se obtiene trabajando artesanalmente.


Lijar, barnizar, darle forma y acabado a un instrumento musical, es un bálsamo para el alma, a mi me sienta de maravilla, me aisla de toda presión externa y me coloca en un limbo en el que el paso del tiempo es imperceptible.

Siempre he soñado con ser un luthier en los últimos estadios de mi vida, cual Gepeto dando forma a mi particular Pinocho, pero sin mentiras, en lugar de un muñeco, un instrumento.

Y es cierto cada vez que acabas y tañes por primera vez tu obra, sientes una intima satisfacción muy próxima a la de la paternidad, por eso cuesta siempre mucho vender o desprenderse de un instrumento que has fabricado. Pero es ley de vida.

Reflexión del día : Quizás algún día cuando yo ya no este, alguien tocará un instrumento que yo haya fabricado y me devolverá por unos instantes a la vida.

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